
Bromas y saber popular aparte, nuestra cara funciona como tarjeta de presentación para la gente que nos rodea y, por desgracia, es la parte de nuestro cuerpo que más horas y de manera más descarnada, exponemos a las inclemencias del tiempo.
Los cuidados básicos como la limpieza o un bálsamo tras el afeitado no son suficientes. Si tenemos por costumbre conservar un buen traje, llevándolo a una tintorería de confianza, cediéndolo a un experto de la plancha, protegiéndolo de las manchas y guardándolo primorosamente fuera de temporada. ¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestro rostro?
A EXFOLIAR
LIMPIA, LUSTRA Y DA ESPLENDOR
Se puede realizar en casa; solo es necesario disponer de algo de tiempo. En primer lugar, conviene abrir los poros con baños de vapor o cubriendo el rostro con paños calientes. Seguidamente, lo más indicado será proceder a una exfoliación. Si continuamos aplicando alguna mascarilla, apropiada a nuestro tipo de piel y el efecto que queramos conseguir, los resultados serán sorprendentes.
La purificante es ideal para pieles grasas con propensión a puntos negros y otras hermosas porosidades. Aplicándola tras la exfoliante, solo será necesaria en las partes del cutis que resulte más rebelde, como suelen ser, una vez más, la barbilla, la nariz y las mandíbulas. Se retira, tras dejarla actuar el tiempo que indique su modo de empleo, con agua o una toalla húmeda. Es recomendable utilizarla entre una vez al mes a dos veces por semana, según la piel y sus necesidades.
Fuente: Gaybarcelona.net









